Magdalena Mixhuca, escala de migrantes hacia el sueño americano

Migrantes

El éxodo de migrantes hondureños, salvadoreños y guatemaltecos tiene en la Ciudad de México un oasis entre sus naciones y Estados Unidos.

La Magdalena Mixhuca, un deportivo al oriente de la Ciudad de México, se ha convertido en el epicentro de la esperanza y el dolor para cientos de migrantes centronaemricanos que hacen una escala aquí para seguir su camino al norte, en busca del llamado sueño americano.

El éxodo de hondureños, salvadoreños y guatemaltecos tiene en la Ciudad de México una escala obligada, donde han sido recibidos en un megacampamento con dos comedores, grandes carpas que funcionan como dormitorios y diversos servicios de salud e higiene, que son un bálsamo a este periplo de miles de kilómetros entre sus naciones y Estados Unidos.

Marla, hondureña de 23 años, viaja prácticamente arrastrando sus dos hijos de tres y dos años. “Yo ya quiero quedarme en México porque tengo miedo de seguir adelante y que les pase algo a mis hijos”, dijo.

Marla viaja acompañada por su hermana mayor y comentó que estuvo a punto de morir ahogada cuando cruzaba el río Suchiate y un helicóptero de la Policía Federal provocó un gran oleaje “casi morimos con mi niño, pero algunas personas nos ayudaron y rescataron”.

La también profesora a de preescolar quiere convencer a su hermana de no continuar con este viaje “voy a hablar con ella para ver si nos dan papeles en México para residir aquí y buscar un trabajo como maestra”, puntualizó.

Agradecen solidaridad

A su vez, Jersón David, hondureño de 28 años, agradeció la muestra de solidaridad y apoyo que ha recibido esta segunda caravana de migrantes, y confió en que en algunas semanas podrá arribar a Estados Unidos, pero no para vivir ahí.

“Yo sólo quiero cruzar a Estados Unidos para llegar a Canadá. No me interesa vivir en el país de Donald Trump, mi meta es Canadá. Para trabajar y vivir allá en paz”.

Oscar, también hondureño de 35 años, quien viaja con su niña de nueve años, dejó atrás todo en su país asediado por los maras que lo querían obligar a vender droga y amenazaron con secuestrar a su pequeña.

“No tuve otra opción que salir huyendo, porque si no lo hacía ponía en riesgo a mi hija. Allá trabajaba de soldador y carpintero, y quiero llegar a Estados Unidos para trabajar en lo que sea”, señaló.

Las historias se repiten en esta capital de la migración que se ha convertido la Madalena Mixhuca, donde los centroamericanos van y vienen en filas en las que  se les proporcionan cobijas, artículos de aseo personal, ropa usada y comida.

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